| Del bolsillo a la cabeza |
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He escuchado por ahí que algunos de los menos afectados por la crisis económica parecen ser –a parte de los dueños de las casas de empeño— los psicólogos clínicos; pues si bien es cierto que la crisis empieza en el bolsillo, también es un hecho que ésta se puede extender hasta la cabeza fácilmente. Por lo mismo resulta de suma importancia que tomemos medidas para evitar convertirnos en víctimas del pánico y así poder prevenir una afección psicológica, la cual lejos de ayudarnos a tomar decisiones acertadas para contrarrestar nuestra situación económica, solo empeorará tanto este aspecto, como otras áreas de nuestras vidas. Nuestro ambiente laboral, familiar e incluso el cómo nos sentimos con respecto a nosotros mismos se ven amenazados por la tensión emocional a la que somos sometidos al encontrarnos desempleados o con fuertes limitaciones económicas. En primera instancia, parece que la forma más lógica para recobrar nuestra tranquilidad es por medio de la obtención de mayores ingresos; sin embargo, debemos recordar que el dinero es pasajero y nuestra tranquilidad no tiene porque serlo. Por lo anterior, es indispensable aprender a lidiar emocionalmente con los problemas de cualquier tipo (llámese social, económico, político, u otro). La teoría de la “Inteligencia Emocional” de Peter Salovey y John Mayer propone el trabajo en común acuerdo entre los centros emocionales e intelectuales del cerebro humano. Para lograr esto es necesario aprender a identificar nuestros sentimientos y poder distinguirlos de nuestros pensamientos. Así, podremos modificar unos u otros, de manera que juntos formen el equipo ideal para ayudarnos a lograr nuestras metas. Ahora bien, ¿cómo se relaciona todo lo anterior a la crisis económica que actualmente existe en nuestro país?. La respuesta es simple, si nos dejamos llevar por el estrés, la angustia, y demás emociones negativas, lo único que conseguiremos será la necesidad de invertir más en nuestra salud y tener menos posibilidades de salir adelante. Desafortunadamente, los estragos psicológicos no solo afectan a quienes los padecen, sino que resultan contagiosos para los círculos sociales que los rodean. Si un jefe en la oficina sufre de neurosis, todos sus empleados se verán afectados por la misma, ocasionando más pérdidas en la empresa. Así mismo, si un padre de familia cae en depresión, su esposa e hijos se vuelven más vulnerables a enfrentar negativamente las dificultades económicas y familiares. Es decir, las afecciones psicológicas forman parte de un círculo vicioso con gran potencial de destrucción. Quizá una de las herramientas más poderosas para afrontar la crisis económica y emocional a la que estamos expuestos hoy en día es la famosa creatividad. William C. Miller la define como “la habilidad del individuo para usar sus pensamientos, valores, emociones y acciones con el fin de enriquecer su ambiente de formas nuevas y únicas”. Cuando mantenemos un estado de ánimo positivo, fomentamos el potencial de nuestra creatividad, la cual nos puede ayudar a idear nuevas opciones para generar más ingresos. Si dejamos de enfocarnos tanto en lo que va mal, y en cambio nos concentramos en detectar nuestras fortalezas y oportunidades, seguramente llegaremos a una solución, ya sea temporal o de largo plazo. Es decir, una buena actitud precede a una buena idea. Después de la idea, vendrá la acción pero aún de la mano de la buena actitud. Hay muchas cosas que podemos hacer para sentirnos bien anímicamente y así lograr la actitud positiva, que nos llevará a idear y actuar con el fin de mejorar nuestra situación emocional, y apoyados en la anterior, también la económica, la laboral, la familiar, personal, etc. Hacer ejercicio por ejemplo, eleva nuestros niveles de endorfina, la cual es una sustancia que ayuda a disminuir el estrés, la ansiedad y la depresión. Otras prácticas que fomentan el buen sentir son: comer balanceadamente, dormir lo suficiente, tomarse descansos para relajarse, meditar, convivir; así como salir al aire libre, interactuar con los seres queridos, y permitirse disfrutar de todas aquellas cosas de la vida que por lo general suelen ser muy simples y no cuestan absolutamente nada.
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